CHILE DERROTADO POR PERU
1882
CACERES SE CUBRIO DE GLORIA EN EL
VALLE DEL MANTARO DERROTANDO A LOS INVASORES CHILENOS EN PUCARA, MARCAVALE
Y CONCEPCION
Hoy como ayer, si no se tiene una
fuerza disuasiva es imposible frenar el expansionismo de los enemigos
actuales y potenciales del Perú
Tte
Crl EP Julio del Carpio Gallegos
Después
del holocausto de las batallas de San Juan y Miraflores en las que
ofrendaron sus vidas lo mejor de la sociedad limeña, donde al lado del
humilde artesano, combatieron los jóvenes sanmarquinos, los niños del
Colegio Guadalupe, venerables ancianos, magistrados e intelectuales,
llevados al sacrificio, por la imprevisión, la impericia y la necedad de
los estrategas del desarme unilateral.
Por la impericia y necedad de los aprendices de economía, de los Castilla,
esbirros del imperio, de los que fungen de mandatarios, de los Piérola
redivivos de ayer y hoy que traidoramente continúan negando recursos a las
Fuerzas Armadas, de los apologistas de la derrota que ingenuamente
preconizan la defensa desarmada y el núcleo básico, del autismo de los
comandos militares, de los generales extraviados en el laberinto del poder
efímero y la no deliberancia.
Todos ellos, corresponsables de una derrota anunciada, que ahora pueden
llevarnos nuevamente al desastre si no aprendemos las lecciones de la
historia, que lapidariamente nos señala que es inviable el desarrollo sin
el soporte de la seguridad.
De esa hecatombe trágica, insurge un militar excepcional, indoblegable ante
la adversidad, que mantuvo en alto el Honor Nacional, invicta su Bandera en
las altas cumbres cordilleranas y en las frías punas de la sierra derrotó a
los chilenos en cuanto combate osaron enfrentársele. Me refiero al Mariscal
Andrés Avelino Cáceres, el “Brujo de los Andes” como lo llamaban sus
adversarios en una mezcla de temor y reverencial admiración.
Estratega brillante, conceptualizó que la resistencia armada debía darse en
el hinterland geoestratégico que vertebra el país, anulando las ventajas
tácticas que le proporcionaba al enemigo la cobertura de la flota naval,
explotando las condiciones naturales del terreno y la superioridad del Ser
Nacional para compensar el inmenso desequilibrio y desbalance en armamento,
equipo y logística del que disponía el adversario.
Combates victoriosos
Cáceres
emprende la lucha contra el enemigo convencido de que una paz con honor sin
cesión territorial solo se lograría con el respaldo de las armas y que toda
gestión diplomática para poner término a la guerra, como la iniciada por el
presidente Francisco García Calderón, con el auspicio del Ministro
Plenipotenciario de los Estados Unidos Stephen Hurbult y el Secretario de
Estado James G. Blaine, tendría éxito si se contaba con un poder militar
disuasivo capaz de imponer condiciones.
Los combates de Carampoma, Cieneguilla, Sángrar, San Jerónimo, Chupaca,
Acostambo, Tarma, Sierralumi, Sapallanga, Pucará, Marcavalle, Concepción y
tantos otros combates victoriosos que perduran en la memoria colectiva de
los pueblos de la sierra, en que el Ejército y las Guerrillas del Mariscal
Cáceres vencieron a las fuerzas chilenas en la Campaña de “La Breña”.
Esta gesta, sostenida durante dos largos años y ocho meses, desde abril de
1881 hasta octubre de 1883, constituyen el irrefutable esclarecimiento histórico
de que Chile no pudo derrotar militarmente al Perú y buscó desesperadamente
una salida diplomática y política al entrampamiento de una contienda
insostenible en el tiempo e irresoluta en el espacio, a pesar de todo el
apoyo económico-financiero y militar que le proporcionó su aliado: el
imperialismo inglés.
Arrolladora ofensiva
Después
de la reorganización del Ejército del Centro, Cáceres decide iniciar la
contraofensiva explotando la vulnerabilidad estratégica del fraccionamiento
de las fuerzas de la División chilena al mando del Coronel Estanislao del
Canto, para lo cual planea realizar un doble envolvimiento, batiendo en
detalle a los destacamentos chilenos ubicados en las posiciones defensivas
de Pucará, Marcavalle y Concepción, cortarles la retirada, aniquilando al
grueso en el valle del Mantaro, para en una 2da fase continuar la ofensiva
hacia Lima atacando al núcleo de las fuerzas del ejército de
ocupación.
En cumplimiento del Plan de Operaciones, en la madrugada del 9 de julio de
1882, el emblemático Batallón “Tarapaca”, vencedor de la batalla del mismo
nombre, realiza un ataque frontal contra el Batallón “Santiago”,
simultáneamente la columna “Voluntarios de Izcuchaca” desborda al enemigo,
el ímpetu del ataque es irresistible.
Los chilenos, a los 15 minutos de combate, ante el peligro de ser cercados
abandonan sus posiciones defensivas del cuello Marcavalle y huyen
desordenadamente en busca del apoyo de las unidades chilenas desplegadas en
la posición defensiva de Pucará, esta segunda línea es incapaz de resistir
el arrollador ataque peruano siendo capturada la posición y aniquilados sus
defensores.
Ante la gravedad de la situación que comprometía la seguridad de la
División, el Coronel del Canto ordena la intervención de la reserva general,
la que efectúa una carga por el flanco con el “2do de Línea”, el Batallón
“Lautaro” y los “Carabineros de Yungay”, pero el ataque es rechazado
completamente sufriendo fuertes bajas.
Ante la inminencia de que la retirada hacia Lima les fuera cortada por la
maniobra envolvente que efectuaban las fuerzas peruanas del Coronel Tafur,
que amenazaba con cerrar el cerco y aniquilar a las fuerzas chilenas en el
bolsón del Mantaro, estos se repliegan presurosamente hacia la ciudad
de Huancayo para después emprender una desordenada retirada hacia
Lima.
La Gesta del Coronel Juan Gastó en Concepción
Las
fuerzas del Coronel Juan Gastó que tenía como misión atacar a las fuerzas
del Batallón “Chacabuco” acuarteladas en la ciudad de Concepción, a las
15.00 horas del mismo día atacan a la posición enemiga , la cual ante la
imposibilidad de emprender la retirada ya que las tropas serían destruidas
a campo traviesa, realizan una tenaz defensa en las barricadas construidas
en la Plaza de Armas, luego la continúan en los parapetos de la casa
parroquial, que es incendiada por los guerrilleros, ultimando a los 77
oficiales y soldados enemigos.
El Coronel Morales Toledo al referirse al desastre chileno en Pucará y
Marcavalle manifiesta: “Frente al empuje del ataque de nuestros soldados,
sucumbieron la totalidad de los chilenos del Destacamento de Avanzadas de
Marcavalle, así como los refuerzos llegados de Pucará y Sapallanga.
El Batallón “Santiago”, el Batallón élite del ejército chileno, fue
completamente aniquilado, habiendo muerto en el combate su 1er Jefe, los
Oficiales y 150 soldados que quedaron sembrados en el espacio de una legua,
desnudos y lanceados por nuestros indios”.
En la contraofensiva de julio de 1882, las fuerzas peruanas derrotaron a
una División chilena de 3.000 soldados habiéndoles causado 600 bajas, se
recuperó la sierra central desalojando a las fuerzas chilenas del ejército
de ocupación, lo que ocasionó una crisis política en Chile, se capturaron
más de 300 rifles Comblain, numerosas pistolas, el parque de municiones, la
caja del Batallón “Lautaro”, una Bandera de Guerra, el archivo del cuerpo,
caballos, vestuario, vituallas, etc.
Mientras las fuerzas chilenas derrotadas se retiraban en marchas forzadas
hacia Lima, amagadas por los guerrilleros en toda la ruta, altos jefes
chilenos manifestaban: “Si el Moltke peruano, hubiese dirigido las Batallas
de San Juan y Miraflores, el ejército chileno no hubiera entrado en
Lima”.
La Campaña de “La Breña” enriqueció la doctrina y la praxis bélica de la Guerra
de Guerrillas, transformándola en la que hoy se denomina la Guerra
Asimétrica, asimilada con posteridad por el Mariscal Tito en Yugoslavia, Ho
Chi Minh en Vietnam, Fidel Castro en Sierra Maestra, Mao Tse Tung,
reelaborando la teoría cacerista, en la guerra prolongada contra el Kuo Min
Tang.
Permitanme colocar este artículo del Tte
Coronel EP, que por razones de la casualidad es hermano del que fue mi
Director de la Escuela de Post-Grado en Ingeniería Industrial de la UNMSM,
que con nombre propio como todo Arequipeño, se presenta.
Saludos,
JRIVERA
Capitán de Navío

De Izcuchaca partieron las fuerzas de
Cáceres en esta oportunidad, lugar que no ha cambiado mucho desde aquella
entonces.
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